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www.hegoak.com - Opinión

 

1.- Lesbianismo

2.- Reflexiones sobre la violencia de género

  

Lesbianismo

 

          La de preguntas retóricas con sabor amargo que podríamos haber evitado a nuestras madres si hubiésemos sabido esto antes, lo sencillo que habría sido explicar nuestro lesbianismo si hubiésemos sabido que todo podía venir de la masculinización del oído interno...

 

          Podríamos haber evitado sudores al contárselo porque,  no es lo mismo explicar que te gustan las chicas que explicar que el que te gusten las chicas se debe a que sufres una masculinización del oído interno....

 

          Aunque claro, eso me remite a la segunda pregunta ¿se verá como una enfermedad o como una deformación? Lo malo es que la tercera, y doble, pregunta me tortura ¿tu grado de lesbianismo depende del grado de masculinicación de tu oído interno? ¿tiene la chica de luenga melena con aspecto heterosexual (pero absolutamente lesbiana) una masculinización del oído interno menor que el de una camionera? Pero claro, me surgen más preguntas de las preguntas ¿servirá, el mencionado descubrimiento, para que apaleen con más ligereza a las mujeres acusadas de lesbianismo en esos países en los que dicha orientación es un asalto directo a la “religión” (léase ego masculino) o simplemente será motivo para que en vez de apaleamiento público se las envíe a centros psiquiátricos en los que acabar dignamente locas? Aunque claro, siempre existe la posibilidad de que traten de “subsanar” ese pequeño defecto mediante fina cirugía...

 

          En fin, no sé qué es más grave si gastar esfuerzo, dinero y tiempo en la búsqueda de la causa del lesbianismo, un tema que por otro lado no afecta en absoluto a la paz o seguridad mundial o si permitir que estudios de este tipo se lleven a cabo.

 

          Si el lesbianismo fuese un pajar algunos científicos estarían tratando de buscar la aguja con la que pincharnos el dedo gordo. Sea como fuere hemos estado y estamos sometidas a un doble estado, el de la invisibilidad (acompañado de cierto grado de locura atribuído) y el de la ciencia. En el primero ha habido una constante lucha por dar pinceladas de locura nerviosa o excéntrica a cada bocanada o edicto salidos de nuestro movimiento y en el segundo una búsqueda constante de la razón por la cual rechazamos o no asumimos lo masculino como boya guiadora de nuestros pensamientos  y, por tanto, de nuestras vidas.

 

          Existe una negativa persistente a entender la sexualidad femenina por parte de los santos varones, por lo tanto, cómo no va a existir una mayor negativa a entender el lesbianismo. En general, no se alcanza a comprender el desprendimiento que sufrimos de la masculinidad como elemento de culto interno y externo y como máximo exponente de íntimos anhelos, pero ¿de quién son los anhelos? Evidentemente nuestros no. Desde tiempos inmemoriales existe una pontificación del ser masculino como algo que está por encima de cualquier cálculo humano y se ha pretendido siempre grave que algunas mujeres, no todas lesbianas, hayan arremetido contra ese pontificado que no está basado en ningún criterio sensato, bueno, ni insensato puesto que la imposición del patriarcado y la masculinidad como modelos han sido  meras imposiciones salidas de la política y la religión, aunque más de ésta última. Y demasiados años de patriarcado no han hecho más que obcecar el resentimiento al levantamiento paulatino que la mujer ha emprendido, pero si nos remitimos a las lesbianas el resentimiento es mayor puesto que entienden que anulamos al hombre de nuestra vida y semejante osadía es rayana en el delito más grave.

          Quizá por eso unos anden investigando si nuestras funciones cerebrales son iguales a las del resto de las mujeres, heterosexuales, por tanto han seguido el camino pre-establecido por el patriarcado, y otros, como cierta entidad gubernamental que ha dictaminado que el lesbianismo es "un acto de indecencia grave", "antinatural", y "un acto sádico y lascivo" cuya mejor forma de erradicación, ante una reunión de lesbianas, es que “la policía reúna una cantidad considerable de violadores convictos y que los dejen sueltos entre las alborozadas y satisfechas Jezabeles cuando su reunión esté a pleno, de manera que aquellas perversas y miserables desviadas prueben el goce y el placer de lo

     

Reflexiones sobre la violencia de género

Se ha puesto tristemente de moda abrir cualquier informativo televisivo con la noticia de una nueva agresión cometida por un hombre hacia su pareja sentimental. Muy a menudo la información se completa con detalles sobre la forma de agresión o el hecho de haber sido presenciado el ataque por los hijos de la pareja. Se añaden informaciones sobre si hubo o no denuncias previas, cuántas denuncias hubo y, por supuesto, el número de victimas que ha habido durante ese año contando a la última. Raramente en un informativo se buscan opiniones de "expertos" pero cuando esto se hace los expertos son generalmente de la carrera judicial y entonces oímos hablar de órdenes de alejamiento, de endurecimiento de las penas para agresores o incluso, sobre la constitucionalidad o no, de exponer públicamente una lista con nombres y apellidos de hombres condenados por agresión a sus parejas. El lenguaje que se utiliza para hablar de este tipo de violencia también es significativo y así, por lo común, se suele emplear el calificativo de "doméstica" que podríamos traducir por "menor" lo que se puede interpretar como una cierta tolerancia social hacia la violencia que se ejerce de puertas para adentro. En general, el tratamiento de este tema que se da en los medios de comunicación de masas peca de sensacionalista y, en ocasiones, incluso morboso.

 

Cuando los "profesionales" hablan de las causas del maltrato asumen con apabullante frecuencia que no tener trabajo remunerado o tener una escasa formación son los pilares que explican la violencia que yo llamaré de género. De acuerdo con esa visión, desde la política se busca mitigar esos déficits mediante programas educacionales y de formación que permitan a las mujeres victimas de maltrato el acceso a un puesto de trabajo con el que poder mantener a sus hijos. Es obvio que una cierta tutela por parte del Estado es necesaria para las mujeres con graves déficits educativos. Sin embargo, podemos preguntarnos si esa intervención es suficiente y, sobre todo, si no se estará atendiendo exclusivamente a las causas más inmediatas del maltrato mientras que no se incide sobre otras causas más remotas tales como la desigualdad de poder en función del sexo o la permisividad social frente a la agresividad del varón... En cualquier caso, la violencia de género es un asunto de gran complejidad cuyo abordaje exigiría una respuesta igualmente compleja desde la multicausalidad.

 

Llegados a este punto, podríamos preguntarnos: ¿Cuáles podrían ser las causas más remotas de la violencia de género? ¿Porqué parece existir una mayor tolerancia social hacia este tipo de violencia? ¿Porqué la violencia se ejerce del hombre hacia la mujer y, raramente, a la inversa? O, ¿porqué la conducta violenta en el hombre parece ser tan frecuente? Desde la psicología se sabe que un estado de frustración (discrepancia entre las necesidades y deseos y su satisfacción) genera un malestar que se traduce comportamentalmente en agresividad. Ahora bien, la manifestación de la misma puede darse hacia otros o hacia sí mismo. Los diferentes patrones de socialización femeninos y masculinos podrían explicar al menos en parte la mayor frecuencia de conductas agresivas en varones. Un aspecto importante a tener en cuenta es que a lo largo del desarrollo evolutivo del ser humano los hombres y mujeres tenemos que aprender a diferir las gratificaciones. Esto quiere decir que mientras que, de bebés, tan pronto surge una necesidad ésta tiene que ser satisfecha a medida que crecemos no es posible obtener satisfacción inmediata para todos los deseos que nos van surgiendo por lo que, en muchas ocasiones, tenemos que demorar la satisfacción de una necesidad o de un deseo lo que supone, de hecho, tolerar un cierto grado de malestar. Esta capacidad que tiene una persona para tolerar el malestar inherente a la no satisfacción de necesidades es lo que se conoce como tolerancia a la frustración. Y es una variable de gran importancia para explicar la violencia. Detrás de cualquier conducta violenta hay una frustración de una necesidad que se percibe como muy importante. Y esto es así tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, la permisividad social de la agresividad en el varón cuando no su justificación hace que la conducta violenta sea bastante más probable en el varón que en la mujer. Por otra parte, muy a menudo hombres y mujeres comparten unas ideas similares aunque con diferente intensidad. Por ejemplo, la idea de estar incompleto o ser un fracasado si no se tiene pareja; el ideal del "amor romántico" como fusión que impulsa la idea del sacrificio individual en pos de un bien superior: la vida en pareja; la aceptación de los celos como consecuencia necesaria del amor exclusivo; la idea de que, en la relación de pareja, tienen que satisfacerse todas y cada una de las necesidades individuales... No obstante, la socialización femenina incide más en la idea del sacrificio personal como contrapartida de una buena relación de pareja. Como resultado de ello, las mujeres suelen considerar que la buena marcha de una relación es responsabilidad exclusiva de ellas.

 

          En vista de todo lo anterior, ¿cuáles podríamos considerar las condiciones que harían probable que un hombre ejerciese una conducta violenta para con su pareja? Desde mi punto de vista, el cóctel explosivo sería un varón con una baja tolerancia a la frustración cuyas expectativas no se ven satisfechas en su relación de pareja que culpabiliza a la mujer de su insatisfacción y cuya mujer tiene interiorizado ese mismo sentimiento de culpa (una mujer que se siente responsable de no satisfacer las expectativas de su pareja al tiempo que siente un cierto desprecio por sí misma.) Sentir respeto y aprecio por quien uno es se convierte en un factor protector tanto como haber cuestionado determinadas creencias. Resumiendo, podemos concluir diciendo que la violencia de género es un asunto que exige la cooperación y colaboración de profesionales de diferentes entornos lo cual permitiría la realización de programas de intervención verdaderamente eficaces. Todo lo que se haga sin tener en cuenta esa multicausalidad del problema social que supone la violencia familiar podría incluso venir la empeorar la situación inicial al hacer bastante probable la revictimización.

 

Por María del Mar Fajardo Navares

Psicóloga y Terapeuta sexual

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