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Sonsoles
Cabo Mesonero
Laura
Maldonado Román
Universidad
de Salamanca |
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Los
movimientos feministas como MOTORES DEL CAMBIO SOCIAL |
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La Historia tiende a presentar los avances sociales conseguidos por
las mujeres como la consecuencia de un progreso que marcha por sí
solo, como el resultado de un proceso en el que, en todo caso, las
mujeres no han influido. En cambio, la reconstrucción de la Historia
muestra que las mujeres sólo han logrado conquistas sociales allí
donde y cuando ha habido mujeres luchando y protagonizando esas
conquistas. Han sido las luchas de muchas mujeres, las que nos
permiten hoy gozar de derechos que en un pasado muy próximo fueron
negados. Mientras no cambien las sociedades en las que vivimos, serán
básicamente las reivindicaciones y éxitos de las mujeres las que
permitirán seguir avanzando en la igualdad formal -legal- en unos
casos y en la igualdad real -de oportunidades y trato.
Las mujeres, igual que los hombres, tienen opiniones y actitudes políticas
e ideológicas muy diversas porque tienen intereses muy diferenciados,
pero como seres humanos tienen una serie de derechos comunes que van
desde el derecho al trabajo, a la libertad de expresión, a participar
activamente en la política, a estudiar, al sexo, y también al
merecido descanso después de largas jornadas de trabajo, el derecho
al ocio, la cultura y los aspectos lúdicos.
Ridiculizar las cuestiones que afectan a los derechos de las mujeres
es una estrategia en la que se han empeñado siempre los sectores más
inmovilistas de la sociedad.
Frecuentemente, muchos de los problemas de las mujeres han sido
problemas "invisibles", desde la "doble jornada"
(en el trabajo y en casa) hasta el llamado "techo de
cristal" (barrera no explícita que suelen encontrar las mujeres
para alcanzar puestos directivos en las empresas públicas y
privadas).
El hecho de intentar mantener a la mujer oculta en casa ha sido una
forma de mantenerla oculta. Lo que no se ve no existe. La nueva mujer,
la mujer con derechos, se ha hecho presente precisamente al salir a
trabajar fuera de casa y al llegar a exigir lo que a una le
corresponde sin sentirse mal por ello, en definitiva, ser personas
independientes que actúan en consecuencia. Pero en estos momentos en
los que la estrategia de ridiculización no se considera políticamente
correcta, algunos tienden a adoptar la estrategia del silencio. Se
oculta no sólo lo que tiene que ver con el feminismo sino lo que
tiene que ver con las mujeres, sus derechos y sus organizaciones.
Lo que está pasando en estos momentos en los movimientos feministas
suscita una serie de reflexiones: en primer lugar, el feminismo está
actualmente visible básicamente en los ámbitos académicos, en la
investigación y en el enunciado de los cambios sociales, pero más
escasamente en la opinión pública. Como movimiento social,
aparentemente está poco activo.
No podemos decir que no haya mujeres trabajando por el feminismo,
reivindicando la igualdad, luchando por ella, pero no se facilita su
presencia pública, con el argumento de que no interesa ,que carece de
sentido. Ciertos sectores de la sociedad, a los que no les interesa la
igualdad, han intentado, aislarlo, ocultarlo. Por eso, han dejado que
sea una cosa de mujeres y para mujeres, pero que no merece mucho la
pena compartir entre todos.
Sin embargo, las mujeres están saliendo adelante y en muchos países
se han dado avances importantes en los últimos años. La principal
causa para que esto sea así es que la educación se impone, y en los
países más adelantados no sólo se está alcanzando la igualdad en
los niveles educativos más altos, sino que es está haciendo con
grados de aprovechamiento más fructíferos.
En las sociedades más avanzadas de nuestro tiempo, en general, y los
movimientos feministas en particular, son fuerzas vivas y muy activas
que difícilmente van a poder ser paradas por muchas estrategias que
se invente para contrarrestarlas.
El proceso es tan imparable que la mayoría de la opinión pública ha
asumido que se trata de uno de los principales motores actuales del
cambio social. Los cambios logrados para alcanzar la igualdad formal y
las acciones positivas para avanzar en la igualdad real han sido
instrumentos de utilidad para la igualdad de la mujer.
Este es el camino para que interpretemos bien la declaración
Universal de Derechos del hombre, que empieza diciendo: "Todos
los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos".
Este es el camino para hacer ciudadanos , es decir, personas libres
iguales, autosuficientes, a las que su comunidad reconoce el derecho a
ejercer todas sus capacidades y potencialidades, porque ser ciudadano
o ciudadana no es sólo tener derechos civiles (libertades), ni sólo
derechos políticos (participación en la res pública), es también
tener derechos sociales (económicos, culturales y sociales) para
poder sentir que todos y todas formamos parte de una comunidad.
LOS
MOVIMIENTOS FEMINISTAS
Se considera que los movimientos feministas tienen su origen en la
Declaración de los derechos universales de igualdad y de libertad
promovidos en la Revolución Francesa y en la Ilustración, donde las
mujeres tomaron conciencia de su situación y comenzaron a reivindicar
la igualdad en todos los terrenos, tanto en derechos como en
oportunidades y no solo para varones.
Recientemente, muchas voces sabias nos dice que el feminismo ya no es
necesario porque las mujeres ya han resuelto sus problemas. ¿Es este
análisi correcto? es evidente que se pueden dar respuestas
diferentes, todas con argumentos convincentes.
En los setenta se afirmaba que el movimiento feminista era un fenómeno
nuevo, desde sus propias filas surgió la tesis contraria. Apoyado por
le trabajo de las historiadoras, las feministas y con ellas los
interesados en los movimientos sociales redescubrieron el sufragismo.
El olvido del movimiento sufragistas que contrastaba con la memoria
sobre el movimiento obrero del siglo XIX formaba parte de la
"invisibilidad" de las mujeres. Un movimiento que había
sido importante, potente y que ningún análisis político histórico
riguroso podía ignorar, había caído, sin embargo, en el más
completo olvido.
El descubrimiento del sufragismo permitió ver que las mujeres no
convertirían por primera vez en un movimiento social en los setenta y
que por tanto no eran un "nuevo" movimiento. Las mujeres, al
calor de la Revolución francesa se habían cuestionado su situación
social y el rol que les había asignado. Se comprometieron con la
revolución porque pensaron que sus demandas serían atendidas.
Mientras los revolucionarios debatían sobre los derechos del hombre,
plantearon los derechos de las mujeres indicando que como grupo social
tenían una especificidad que debía ser tomada en cuenta. No sólo
sus demandas finalmente no se incorporaron a la agenda política, sino
que se las persiguió, se las encarceló y, en muchos casos se las
guillotinó por defender estas ideas.
Las sufragistas recogieron el testigo es esta generación de mujeres.
Aceptaban el análisis sobre la situación de inferioridad de las
mujeres, es decir, su discriminación y pedían el acceso al mundo público
del cual habían sido excluídas. Si bien, planteaban diversas
reivindicaciones como el derecho a la educación y a poder tener un
trabajo remunerado, convirtieron a la participación política en el
medio para conseguir las otras demandas. El derecho al voto se
convirtió, así, en el aglutinante de la movilización de las
mujeres. Esto demuestra el respeto al parlamento y a la democracia
representativa que tenían, cuando otros sectores sociales
consideraban que sus reivindicaciones jamás podían ser atendidas por
los parlamentos democráticos y que éstos debían ser eliminados.
El movimiento sufragista se desintegra poco antes de que se les
otorgue el derecho ,al voto a las mujeres en muchos países
occidentales. Al igual que ahora, conseguido el voto para las mujeres
se estimó que el feminismo ya no tenía razón de ser. Sin embargo, a
finales de los setenta hay una nueva rebelión de las mujeres en
contra de sus situación social que se considera que es
discriminatoria. resurge el feminismo como un movimiento social y su
movilización no es sólo social, sino que se traslada también a las
instituciones políticas económicas y culturales.
En este momento, las reivindicaciones de las mujeres se plantean en
tres grandes áreas de actuación, no sólo piden acceso a las
actividades y puestos de los que están excluidas.
En primer lugar, señalan que su biología no las condiciona para ser
exclusivamente madres. Que tienen derecho a la sexualidad, al control
de su cuerpo y a decidir libremente sobre su maternidad.
En segundo lugar, plantean que las relaciones entre los hombres y
mujeres tiene un componente de poder.
En tercer y último lugar, señalan que existe una dicotomía entre lo
público (la economía, la política y cultura) y lo privado (la
familia) y que el rol que tiene en el ámbito privado es tan
importante para el funcionamiento social como el público. La familia
es también una unidad de producción de bienes y servicios.
En estas tres nuevas áreas de demandas feministas surgen las
reivindicaciones concretas que centran las movilizaciones: el derecho
al aborto; la paridad como forma de terminar con la jerarquía
hombre/mujer y el poder masculino; y la exigencia de que el trabajo
doméstico y los servicios que hacen las mujeres en el hogar sean
reconocidos y compartidos. Muchas de estas demandas son incorporadas a
la agenda de los poderes públicos que comienzan a implementar políticas
específicas. Sin embargo, en muchos casos esta incorporación a la
agenda pública no ha hecho que las actuaciones cambien efectivamente
la realidad. Las estadísticas siguen mostrando que existe
discriminación hacia las mujeres.
¿Ha desaparecido el movimiento feminista? Quizás conviene comenzar
por recordar que un movimiento social no es un partido político o una
organización que mantiene su existencia independientemente del grado
de participación, movilización o acceso a los medios de comunicación.
Un movimiento social. Esta diversidad es la que ha caracterizado a los
movimientos feministas antes y ahora.
Si comparamos las distintas oleadas feministas lo que tienen en común
sus demandas es que se basan en la constatación de que el sexo biológico
se convierte en género social. Es decir, el hecho de ser mujer no es
sólo un fenómeno biológico; sobre la biología se le construye un
rol social y unos ámbitos de participación que constituyen su género.
A este género se le asigna un estatus inferior que se traduce luego
en la discriminación. Las sociedades y su organización social, económica
y cultural ha cambiado históricamente. Sin embargo, en cada caso se
ha mantenido esta jerarquía entre los géneros y esta discriminación.
Por eso el feminismo reaparece a través del tiempo. Como la expresión
en cada período histórico es diferente, las mujeres se han
encontrado con discriminaciones de diferente tipo y en cada uno de los
períodos de "resurrección" del feminismo se plantean
reivindicaciones específicas.
Existe un movimiento de mujeres que es más amplio que el movimiento
feminista. Esto es verdad. Pero no se puede olvidar que las conquistas
de las mujeres han estado asociadas a la movilización feminista. Si
hoy muchas mujeres no feministas o antifeministas tienen derechos políticos
y pueden realizar otras actividades en el mundo público, es porque
otras mujeres, las feministas lucharon por ello, en algunos casos
dejando su vida en el camino.
LA
MUJER ESPAÑOLA
La situación de las mujeres en los últimos años del siglo XX en
este país. Todas estas mujeres parecen que han conseguido la igualdad
con respecto a los hombres, pero esto es sólo apariencia. Las
libertades y los aspectos en los que estas mujeres han logrado la
equiparación con el grupo masculino en realidad sólo representan la
espuma de la sociedad y todo ello, por tanto, no representa una
situación de igualdad sino solamente la apariencia, en aspectos
concretos y formales, de esta pretendida equiparación.
La situación de las mujeres del llamado primer mundo es muy semejante
aunque hay matices que diferencian diversos grupos atendiendo a la
clase social, al nivel cultural, al nivel de desarrollo político del
país en el que reside, etc.
La
clase social, el nivel cultural, el espacio geográfico concreto en el
que habita, la religión dominante y la fuerza de la misma en la
sociedad, el desarrollo político, etc., son, entre otros factores,
categorías de análisis de las que no se puede prescindir al valorar
la situación femenina, pues también es muy diversa según los
diferentes grupos que se deducen de las anteriores categorías
citadas. Por todo ello e insistiendo en lo anteriormente dicho, la
situación femenina no puede generalizarse ni siquiera dentro del
propio Estado español. A pesar de ello, todas las mujeres, en mayor o
en menor medida, tienen algo en común, esto es la subordinación al género
masculino. Esta subordinación ofrece variadas perspectivas y mayor o
menor intensidad, pero todas las mujeres sufren y muchas de ellas
pugnan por eludirla, lamentablemente no todas.
Tampoco puede olvidarse el nivel laboral e incluso la situación
familiar de cada mujer para poder definir su grado de subordinación y
las posibilidades de igualdad con el grupo masculino. Todo esto es
matizar demasiado pues llevaría a la afirmación de que cada mujer es
una situación determinada y diferente y, aunque hay cierta verdad en
esta afirmación, una cierta globalización puede hacerse y es útil
para intentar un acercamiento a la situación actual de las mujeres
españolas.
Sólo un grupo muy reducido puede demostrar a la sociedad su
emancipación con respecto a los hombres de su familia. Es una minoría
integrada por mujeres encuadradas en los grupos privilegiados. Son
mujeres que gozan de una desahogada situación económica debida a su
origen familiar o a su condición de buenas profesionales de cualquier
ámbito. Pero esta mujeres que socialmente se desenvuelven solas, con
autonomía y libertad, son una minoría si se tiene en cuanta a la
totalidad del país. La mayoría de las mujeres españolas viven en
sus casas dedicadas a las tareas domésticas. Esto no es impedimento
para que también tengan una actividad laboral fuera de sus casas
cuando la unidad familiar requiere su colaboración económica. Estas
mujeres sufren la presión social que las responsabiliza de todo lo
doméstico, a pesar de ser buenas profesionales. El patriarcado
mantiene la asignación de tareas, y aunque tolera que desempeñen
trabajos públicos remunerados, de cualquier nivel, desde
registradoras de la propiedad hasta asistentas por horas, esto se debe
a que en cada caso la economía familiar precisa de su contribución
pero no las exime del cumplimiento de sus obligaciones familiares.
Esta actividad laboral de las mujeres puede inducir a pensar que las
mujeres han logrado la igualdad con los hombres pues se les permite
acceder a cualquier puesto de trabajo. La ley defiende esta situación
que en realidad es una falacia, puesto que, aunque existe la
posibilidad teórica de acceder a cualquier puesto de trabajo, hay que
valorar las posibilidades reales que tienen las mujeres para ello.
Pero además, hay que reconocer que esto supone una doble carga, ya
que no se les exime en la mayoría de los casos, como antes señalaba,
de sus obligaciones domésticas, que no suelen compartirse. Su trabajo
les permite gozar de los bienes suficientes para comprar ayuda doméstica
en algunos casos, pero la mayoría de las mujeres trabajadoras
soportan la doble jornada, el cumplimiento de ambas obligaciones,
profesionales y domésticas.
Por tanto, aunque hay libertad laboral y en teoría las mujeres se han
equiparado en este aspecto con los hombres, esto oculta una situación
injusta, pues las profesionales femeninas siguen siendo responsables
de las tareas domésticas, cosa que repercute en su actividad laboral
sobre todo en las actuaciones relacionadas con la promoción,
ascensos, etc. Junto a esto, es necesario valorar también las
dificultades y costes que las mujeres han sufrido para conseguir un
puesto de trabajo y si han sido equiparables a las de los hombres de
su mismo nivel. Habría también que valorar la cualificación de cada
uno en niveles semejantes.
Mi segundo punto de reflexión, que aunque las posibilidades laborales
para las mujeres no suponen la igualdad con los hombres, si son una vía
de acceso a la libertad. Esta es una idea muy importante, sobre todo
para las mujeres delas jóvenes
generaciones. La mayoría de ellas luchan por tener su puesto de
trabajo y ser independientes. La situación es muy diferente para las
mujeres nacidas en los años cuarenta y cincuenta. De este grupo es sólo
una minoría las que han accedido al mundo laboral. La mayoría
permanece como amas de casa, que es para lo que se les había educado,
tanto las de las clases altas como las de las bajas. Las que no han
accedido al mundo laboral dentro de las clases altas, cuando los hijos
son mayores, las más inquietas llevan a cabo algunos trabajos
eventuales y subsidiarios y las de las clases inferiores, si las
necesidades económicas familiares lo requieren "echan
horas" en alguna casa.
La situación es muy diferente según la edad de las mujeres. No puede
considerarse un solo modelo o una sola mentalidad femenina, hay que
tener en cuenta todos los cambios políticos y socioeconómicos que se
han desarrollado a lo largo del siglo XX y que han influido en la
evolución de la educación y actividad de las mujeres.
La guerra civil del 36, había sacado a las mujeres de sus casas y las
había llevado a trabajar ocupando los lugares de los hombres que
combatían. Luego fue difícil que volvieran de buen grado a sus
casas, perdiendo la libertad que habían tenido. Otro hecho importante
fue el mayo del 68. En él se planteaba un nuevo pensamiento para la
sociedad occidental. Los/as niños/as que nacieron a partir de
entonces fueron educados a partir dentro de otros esquemas mentales;
bien es cierto que no siempre, pero sí en bastantes casos. Esto ha
dado lugar a que las mujeres y algunos hombres hijas/os de aquel
acontecimiento, tengan una mentalidad diferente. Esta situación para
el caso español se unió a la llegada de la democracia a partir de
1975. Todo ello ha dado lugar a que se hay producido un importante
cambio para estas nuevas generaciones. Ahora casi la totalidad de las
mujeres son conscientes de que no debe haber restricciones a su
proyección social y que no tienen porque estar subordinadas a
maridos, padres, hermanos, hijos, etc. Por ello lucha y reivindican la
igualdad de derechos, obligaciones, etc. Además, como algunos hombres
son conscientes de esta situación, sería deseable que todo ello
tuviera una proyección social que ofrezca un futuro mejor y más
justo para las mujeres.
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