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LA
ESTRUCTURA FORMAL DE IGUALDAD
"Pobreza
y desigualdad, una lucha de izquierdas: la lucha contra la pobreza en
cada país y entre países, y la lucha por la igualdad real entre
mayorías y minorías y entre hombres y mujeres".
El
feminismo, como filosofía política de la igualdad.
Primer
feminismo, a las pioneras les tocó denunciar a los pensadores y a los
interpretadores de la Ilustración y de la Revolución Francesa porque
excluyeron a las mujeres.
Primeras
sufragistas
XIX
en Estados Unidos e Inglaterra. Convención que celebraron en Séneca
Falls en 1848 y la "Declaración de Sentimientos", el punto
de partida para la conquista del derecho al voto de las americanas.
1918, la mayoría de los feminismos conciben su trabajo por la
igualdad.
Libertad
e igualdad
Definición
de libertad: persona que es libre; debe tener una esfera de actividad
personal protegida de la injerencia de cualquier poder externo;
participar directa o indirectamente de la creación de normas que
regulen la conducta colectiva y poseer en propiedad individual o
colectiva bienes suficientes para una vida digna. Significado
tradicional de libertad negativa (hacer o no lo que las leyes permitan
o impidan). De Hobbes y Montesquieu a Rousseau.
Igualdad:
desde la Declaración Universal, es igualdad en dignidad y derechos,
ya no hay conflicto entre la igualdad jurídica, la política y la
social, pleno reconocimiento de los derechos sociales. Igualdad entre
todos.
El
camino hacia la igualdad real en la España democrática empezó con
la aprobación de la Constitución, significó el reconocimiento
legal, por primera vez, de que las mujeres tienen los mismos derechos
y oportunidades que los hombres en educación y trabajo. El cambio de
leyes no es suficiente para alcanzar la igualdad real. Hay que
transformar estructuras sociales, actitudes, comportamientos y formas
de vida profundamente ancladas en la historia de la sociedad española
que han servido para perpetuar situaciones de desigualdad., cambios
profundos.
*Aún
existen actitudes y formas de vida en nuestra sociedad que ayudan a
perpetuar situaciones de desigualdad para la mujer.
Acción
positiva
La
apuesta colectiva por desarrollar el valor de la igualdad de
oportunidades y trato y el compromiso político de proteger y extender
tal valor es lo que explica: el crecimiento de la participación de
las mujeres, llegando al 50%, en el sistema educativo elemental y
medio, así y como en los niveles de formación profesional y
universitaria donde el número de alumnas se ha duplicado llegando a
ser el tercer país de la Europa Comunitaria con un porcentaje mayor
de mujeres entre 17 y 24 años en la Universidad.
Futuro
inmediato
Compromiso
de:
1-
Seguir erradicando el autoritarismo de nuestra sociedad porque las
sociedades muy jerarquizadas se oponen al diálogo.
2-
Seguir apostando por la razón frente a los mitos.
3-
Seguir priorizando la redistribución de la riqueza y la solidaridad
frente al individualismo.
Hombres
y mujeres tendremos que negociar y discutir sobre el reparto del
trabajo, de responsabilidades públicas y privadas y de la riqueza en
cada país y entre países "ricos" y países en "vías
de desarrollo".
La
igualdad en las leyes (o igualdad formal), es decir, la prohibición
de que las normas jurídicas discriminen a los ciudadanos por su sexo,
raza, religión, opinión, condición social, etc., es un valor
consagrado hoy en día tanto en las Constituciones de la mayor parte
de los Estados del mundo como en los Tratado internacionales sobre
Derechos Humanos. Este amplio reconocimiento no se ha conseguido sin
esfuerzo, al contrario, es el fruto de muchos años de lucha de
amplios colectivos de la población: la clase trabajadora, las
mujeres, las minorías étnicas, etc.
La
igualdad formal es, por tanto, un logro importante. Sin embargo, no es
suficiente. Tantos siglos de desigualdad han creado una sociedad
injusta en la que persiste la discriminación contra los colectivos
históricamente marginados. Frente a esta situación, la aplicación
estricta de la igualdad en las leyes, esa trascendental conquista,
resulta paradójicamente contraproducente: tratar igual a los que están
en un plano de desigualdad real ayuda a perpetuar ésta.
Entre
esos colectivos están, sin duda, las mujeres. Su situación actual
revela que la discriminación contra ellas. históricamente asentada
tanto en las leyes como en los usos sociales, no ha sido todavía
superada. Ahí están para constatarlo las estadísticas del desempleo
en España, la ocupación de las categorías de trabajo peor pagadas,
su posición minoritaria en los órganos de poder político y económico.
Frente
a ello, el Estado social y democrático de derecho ha de actuar con
medidas que ayuden a las mujeres a superar esta situación. A estas
medidas se les conoce como acciones positivas, y van desde la concesión
de una subvención al empresario para contratar a una mujer hasta la
creación de cursos de formación y reciclaje sólo para ellas. En
abstracto, se puede definir como aquellas acciones exclusivamente
dirigidas a favorecer a las mujeres por su condición y que tiene como
finalidad superar la situación de discriminación que padece el
colectivo.
La
mayoría de estas medidas han tenido una pacífica acogida y una rápida
difusión tanto en el resto del mundo occidental como en nuestro país.
En general, son medidas consideradas como necesarias cuya adopción no
suscita rechazo alguno.
Pero
hay una modalidad de acción positiva que no ha resultado tan pacífica,
es la llamada "discriminación positiva". La controversia
que genera se basa en que suponen la introducción en la selección
para un bien codiciado (como, por ejemplo, un puesto de trabajo) de un
criterio (ser mujer) que es ajeno a los méritos individuales.
La
Comisión Europea ha adoptado en su propia política de selección de
personal un sistema de discriminación positiva racionalizada o
flexible, en sintonía con el apoyo que la Unión europea ha otorgado
desde los años ochenta a las acciones positivas a favor de las
mujeres.
En
cuanto a nuestro país, la adopción de "cuotas flexibles"
de mujeres en el acceso y promoción en el empleo es prácticamente
inexistente. Las políticas de apoyo a la integración laboral de la
mujer se circunscriben a acciones positivas menos polémicas como las
subvenciones, las campañas de información y concienciación o los
cursos de formación, pero todavía no se ha entrado de lleno en la más
efectiva de todas: la discriminación positiva. Si constitucionalmente
sería viable, políticamente no parece que ningún gobierno esté
dispuesto a asumir las airadas reacciones que a buen seguro un impulso
de medidas como éstas acarrearía. En esta inacción juega también
un papel importante el escepticismo que gran parte de la sociedad
alberga respecto a la magnitud de la discriminación que padece la
mujer, fruto de una sociedad machista que no es capaz ni de reconocer
su condición como tal.
Así,
nuestro país, sonde la situación social de la mujer es claramente
inferior a la de otros países que aplican medidas de discriminación
positiva (Dinamarca, Suecia, Finlandia, Alemania, EEUU, etc.) carece
por ahora de este instrumento de superación de la desigualdad, el más
efectivo de todos ellos. Equipararnos a estos ordenamientos jurídicos
en esta cuestión nos ayudaría a conseguir una sociedad más
desarrollada y más justa.
MUJER
Y TRABAJO
A
pesar de los logros conseguidos en el intento por equiparar a hombres
y mujeres, todavía quedan importantes obstáculos que salvar; es
decir, que la igualdad no es absoluta.
Se
puede observar la predisposición existente por parte tanto de mujeres
como de hombres, para actuar y llevar a cabo planes y políticas de
actuación , siendo e l principal problema que en la mayoría de los
casos, dichas actuaciones no llegan a ponerse en práctica, o si lo
hacen, los procesos que llevan a la consecución de metas resultan
penosamente lentos.
Ciertas
hipótesis, en concreto la de Victoria Camps, apuntan como causa de
que la mujer se vea igual que el hombre en el ámbito de los derechos
civiles, pero no en el de los derechos sociales y políticos el que la
mujer siga pensando, en cierta manera, "de modo masculino"
con lo que continúa teniendo ciertos impedimentos para integrarse de
lleno en el mundo laboral, y consecuentemente, para conseguir la
libertad que la independencia económica proporciona. El Estado ha
ayudado en cierta medida a la mujer, proporcionando centros como
residencias de ancianos o guarderías que la liberan de tareas a las
que tradicionalmente, en su rol de esposa y madre, se ha dedicado,
pero de las que no acaba de desligarse por completo; debido, en cierta
medida, a su propia voluntad de ir cambiando paulatina y lentamente ,
en lugar de radical y definitivamente; esto se manifiesta claramente
en hechos como el que las principales ocupaciones remuneradas a las
que se dedica la población femenina, y en las que destacan por ser
mayoría sean la enseñanza, la sanidad, dentro del sector servicios
destacan los trabajos administrativos, o dentro de la industria el
textil y la confección.
En
este avanzar con pies de plomo, se observa la importancia que el
arraigo de unos valores sociales, así como de una muy determinada
educación ejercen, y que conllevan, desde la no separación de la
vida pública y de la vida privada, hasta el freno que algunas mujeres
se ponen a sí mismas a la hora de ascender en el terreno profesional,
o de ocupar puestos relevantes en el ámbito de las decisiones políticas.
Teniendo
en cuenta la variable nivel educativo, se observa que, si bien la tasa
de actividad de varones es mayor para todos los grupos de edad, las
diferencias con las tasas de actividad de mujeres disminuyen a medida
que aumenta el nivel de estudios. Esto se debe al incremento que el
porcentaje de mujeres que realiza estudios superiores ha experimentado
en los últimos tiempos. Para hacerse una idea, y atendiendo a datos
de la EPA del 2º trimestre de 1990, la situación era la siguiente:
Tasas
de actividad atendiendo a diferencias de sexo y distintos niveles de
estudios;
-
Grupo de analfabetos y sin estudios que trabajan: hombres 42,3%,
mujeres 13,46%.
-
Estudios primarios: hombres 71,5%, mujeres 26,8.
-
Estudios medios:
Bachillerato
y COU; hombres 69,8%; mujeres 47,5%.
Formación
Profesional; hombres 77,03%; mujeres 8,57%.
-
Diplomados: hombres 71,54; mujeres 65,75%.
-
Estudios superiores: hombres 83,59%, mujeres 80,75%.
Así
pues, se puede decir que aunque los datos no reflejen a qué tipo de
ocupaciones se dedican hombres y mujeres, para poder observar si
realmente las condiciones para uno y otro grupo son las mismas, sí se
puede decir que a medida que la mujer realiza estudios superiores, las
diferencias diminuyen a nivel de porcentajes de empleados. Es decir
que la variable nivel de estudios parece ser una posible vía para
contrarrestar el efecto negativo que los factores tradicionales de
asignación de roles en función de sexo ha venido ejerciendo.
Atendiendo
a sectores de actividad, las mujeres destacan en el sector servicios,
que da trabajo a un 62%, frente al 43,7% de los hombres. Dentro de éste
las principales ocupaciones de la mujer son las actividades
relacionadas con sanidad, cultura y educación. En sectores como la
agricultura, la mujer no está plenamente integrada, a pesar de
representar porcentajes similares al de varones (9% mujeres y 12,7%
varones), no supone una competencia para la población ocupada
masculina: "Las mujeres se mantienen en una categoría donde no
reciben un salario, sino que trabajan en la esfera familiar,
constituyendo una mano de obra auxiliar y barata, lo que se
corresponde con la consideración tradicional de que, en el campo, el
trabajo de la mujer es algo normal y más una colaboración que presta
al mismo como hija, esposa, o madre, que en calidad de productora. Es
una continuación de las tareas del hogar en el campo".(Martine
Weiler; 1977:37-38). La mayoría del trabajo de la mujer en el campo
suele ser eventual o de temporada, con lo que su posición de
asalariada es muy débil. Tampoco la mujer tiene una gran representación
en la industria, (24,6% hombres y 14,9% mujeres), tradicionalmente,
las ocupaciones de la mujer en este sector van ligadas al ámbito
textil y de la confección. En el sector donde más claramente se
observa la minoría de mujeres frente a los hombres es en la
construcción, (14,2% frente al 0,9%).
En
la detección de los problemas sociales, en concreto de los que puedan
afectar a la mujer y en el diseño de las políticas de actuación
necesarias, se hace indispensable la colaboración de disciplinas como
la historia, la sociología o la antropología, y se observa el
aumento de los estudios realizados sobre la mujer en el mundo laboral.
Carrasco, Borderías y Alemany los clasifican en cuatro vertientes:
Estudios
centrados en actividad y empleo.
Estudios
centrados en trabajo doméstico.
Estudios
centrados en el trabajo asalariado.
Estudios
centrados en la producción y reproducción.
Se
identifican como principales problemas, consecuencia de los últimos
cambios globales, fundamentalmente en el ámbito económico, y con
repercusión directa para la mujer, la participación activa de ésta
en la producción, además del reconocimiento de la aportación en
trabajos no remunerados, (que, en concreto, en países como España,
han contribuido a la consecución del nivel de vida alcanzado);
consiguiendo con ello, la anterior mencionada independencia económica,
y a su vez e indirectamente, una transformación de valores,
mentalidades y creencias que la desligan de su tradicional rol de
cuidadoras. Dicho cambio no ha sido totalmente asimilado por una
sociedad que sigue poniendo obstáculos tanto físicos como morales,
que repercuten a la hora de ocupar los peores puestos, los peores
remunerados o menos reconocidos.
A
pesar de todo, coincidiendo con los nuevos tiempos de cambio
estructurales que ha traído consigo la formación de la UE, las tasas
de participación de la mujer en el mercado laboral han aumentado de
forma satisfactoria, e indirectamente han contribuido al surgimiento
de otros cambios en ámbitos como la composición de la población
activa (los jóvenes entran más tarde en el mercado laboral debido al
alargamiento del período de educación y los mayores salen antes al
anticiparse la edad de jubilación); el descenso de las tasas de
natalidad y de mortalidad, así como la proliferación de núcleos
familiares de menor tamaño.
Las
mujeres siguen siendo minoría en el mercado de trabajo en su
conjunto. Según datos de Eurostat, la tasa media de actividad en 1995
fue del 66% para hombres y del 45% para mujeres, ocupando España
junto con Italia uno de los últimos puestos.
MUJER
Y FAMILIA
En
opinión de Violante Martínez, (profesora de sociología de la UNED),
el futuro de la mujer se encamina a compatibilizar el trabajo con la
vida familiar, consiguiendo una mayor equiparación en los roles de
padre y madre y estudiando ampliamente los sectores económicos en los
que la mujer contribuye con un trabajo no remunerado. La clave de la
marginación de la mujer está en la realización de dichas tareas.
En
cuanto que parece observarse que la raíz del problema parece situarse
en la no equiparación a nivel real entre hombres y mujeres debido a
unas pautas marcadas por las formas de educación imperantes, que
contribuyen a perpetuar unos determinados estereotipos de mujer y de
familia; se justifica la necesidad de aplicación de ciertas políticas
sociales, que beneficien directamente a las mujeres, tanto en formación
como en acceso a oportunidades; son las llamadas medidas de
discriminación positiva. Asimismo, se necesita reorientar la educación,
para conseguir cambiar los sistemas de normas y valores. Para Victoria
Camps, mientras las costumbres no cambien, las leyes proteccionistas
serán necesarias.
Un
aspecto importante a la hora de estudiar los cambios que supone el
avance de la mujer, es ver la repercusión de los mismos, a pesar de
no encontrarse fuertes posturas encontradas, tampoco se contribuye o
se prestan importantes ayudas a la mujer, sino que es ésta
individualmente quien tiene que ir alcanzando unos logros por sí
misma. Se acepta la nueva imagen de relaciones sociales y de familia
que el nuevo rol de mujer conlleva, pero no se hace nada por
incorporarla, por hacerla real y desplazar a las anteriores formas,
con lo cual, se pone de manifiesto la insuficiencia de las acciones
emprendidas. Las nuevas necesidades que la nueva situación de
alternancia de tareas domésticas con trabajo fuera de casa por la
mujer genera no se ven cubiertas. En efecto, los hombres siguen
dedicando muchísimo menos tiempo, (ocho veces menos), que las mujeres
a las tareas domésticas.
Josune
Aguinaga, (profesora de sociología de la UNED), opina que a pesar de
haber conseguido importantes logros como que el aumento de la
participación femenina en la toma de decisiones del ámbito familiar,
o al compartir tareas domésticas como el cuidado de los niños, (según
datos del CIRES en el 59,1% de los casos los dos miembros toman parte
en la decisión final; dato que aún está lejos del 100%), todavía
quedan importantes barreras por salvar, y ante las que hay que actuar:
habría que exigir colectivamente que los trabajos domésticos se
valoraran más además de compartirse, las mujeres han de ser
conscientes del trabajo que desempeñan y concederle la importancia
que merecen. No obstante, lo más importante sería cambiar los
papeles que la Teoría sociológica de los roles diferenciales
reconoce como asignados tradicionalmente, en concreto, al hombre el
rol instrumental, proporcionar alimento a la familia, y a la mujer el
rol expresivo, cuidar y dar afecto a la familia.
Se
demuestra que la variable estado civil influye gran importancia en las
tasas de actividad femeninas. En efecto, las mujeres solteras
mantienen prácticamente su actividad laboral en todas las edades,
mientras que las tasas correspondientes a mujeres casadas son siempre
inferiores. Atendiendo a diferencias de género (según datos de la
EPA), existe cierta similitud entre los porcentajes de hombres y
mujeres solteros que trabajan: 62,88% y 53,07% respectivamente; no
siendo así en el caso de hombres y mujeres casados que trabajan:
70,94% frente a un 29,12%. La baja tasa de actividad de la mujer
casada, suele estar sesgada por una alta proporción de este sector
que dedica parte de su tiempo a trabajar en al economía sumergida,
donde tienen una relación laboral marcada por la no existencia de
derechos, de seguros sociales y en ocasiones reforzada por la
precariedad laboral, la explotación y las condiciones ínfimas de
seguridad, debido a que los empresarios suelen ser reticentes a la
hora de contratar a una mujer, alegando que faltan más horas
laborables por cuestiones como quedarse a cuidar de los hijos...
Un
importante cambio surgido en los últimos tiempos, es la situación a
la que fenómenos como el divorcio origina, ya que la mujer divorciada
se ve obligada a reincorporarse al mercado laboral, al igual que las
viudas, igualándose a las tasas de mujeres solteras.
CONCLUSIONES
Si
algo queda claro, al contemplar la realidad actual, es que a pesar de
los logros conseguidos por el movimiento feminista, desde sus orígenes
allá por la Revolución Francesa y la reivindicación de la Ilustración
de los derechos de igualdad y de libertad, pero en los que no se incluía
a la mujer, aún hoy no se ha llegado a una igualdad plena de derechos
para hombres y mujeres, y se siguen observando posiciones de
desventaja para la mujer en diferentes ámbitos, tanto en el plano
laboral como en el doméstico.
Cabe
mencionar a importantes mujeres cuyo nombre ha quedado grabado en la
historia del feminismo, como luchadoras que trataban de defender algo
que creían legítimo, tal es el caso de Alejandra Kollontai o Zetkin,
que tras el movimiento sufragista, donde Pankhurst como una de las
principales representantes, defenderá la idea de sufragio universal,
abogaban por el fin de la sociedad de clases. Más tarde mujeres como
Simone de Beauvoir o Betty Friedman tratarán el problema entre los
sexos.
El
feminismo tomó diversos rumbos, dependiendo del elemento de
desigualdad al que se diera mayor relevancia; así el feminismo
liberal ponía énfasis en la división del trabajo atendiendo a
razones de sexo, que dejaba peor parada a la mujer, ya que la esfera pública
de autoridad y de ventajas, e indirectamente de acceso a educación y
oportunidades, y por tanto de reproducción cultural, se limitaba al
hombre. Por su parte el feminismo socialista, dentro de la corriente
marxista denunciaba que las desigualdades entre hombres y mujeres
estaban íntimamente ligadas con la existencia de una serie de
instituciones de carácter cultural, pero atendiendo y diferenciando
entre distintas clases sociales a las que las mujeres puedan
pertenecer, ya que los problemas que las afecten en cada caso no serán
los mismos, es decir que las mujeres son una subclase dentro del
sistema de clases; en los últimos tiempos esta corriente ha centrado
su interés en el análisis de cuestiones concretas como fuentes de
desigualdad, como es el posicionamiento de las mujeres en ciertos ámbitos:
la clase trabajadora, la reproducción, la sexualidad, los procesos de
socialización; y proponiendo ciertas soluciones: reivindicación del
lesbianismo como un derecho, la fecundación artificial, lo que
supondría una "maternidad sin hombres", o la lucha por
llegar a una sociedad asexuada, en la que no haya una socialización
que asigne roles en función del sexo. El feminismo radical reta a la
dominación patriarcal del hombre, mediante la cual controla y tiene
sometida a la mujer.
La
consolidación de la ideología feminista como tal se produce en Mayo
del 68, donde se intentará redefinir las relaciones de poder. Se
defiende que la consecución de la liberación económica conducirá
inexorablemente a una liberación social. Empieza a vislumbrarse el
modelo de mujer independiente, que se labre su propio futuro.
Una
de las principales características del feminismo como tal, es que, a
pesar de haber ido evolucionando y tomando diferentes posturas, los
logros anteriores no se pierden. Actualmente se reivindican más una
serie de valores, como la recuperación de la sensibilidad o del
razonamiento femenino que sitúen a la mujer en un lugar central, que
objetivos materiales, pero esto se hace sobre la anterior base de
metas alcanzadas, (esta postura recibe el nombre de feminismo
postmoderno) La pretensión de conseguir reformas graduales en las
instituciones, anteriormente reivindicadas desde fuera del sistema,
ahora defiende hacerlo desde dentro.
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