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La
Sexualidad
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Es
un conjunto personal de experiencias y valores que abarcan: la
identidad sexual, la orientación sexual y la actividad sexual. |
La sexualidad
evoluciona y cambia a lo largo de la vida. El proceso continuo de
desarrollo sexual es influenciado tempranamente en la vida por la
identificación con un género específico (identidad sexual) y es
modelado por la influencia de los padres, por valores religiosos y
aspectos culturales de la sociedad. Alrededor de los 2 años de edad,
el niño exhibe características de su género - masculino o femenino
-. Éste es el primer paso en el desarrollo de la identidad sexual. La
identidad de género implica la aceptación, por parte del individuo,
de su sexo biológico, y su consecuente comportamiento masculino o
femenino. Usualmente, en la formulación de una identidad sexual,
están presentes rasgos de ambos sexos. Otro aspecto de la identidad
sexual es la orientación. Es decir, si una persona es atraída por el
mismo sexo o por el sexo opuesto. La orientación sexual comienza a
desarrollarse durante la infancia y por lo general es fijada en la
adolescencia. Una mujer puede ser atraída por otra mujer, por un
hombre, o por ambos. Sin embargo, como muchas culturas proveen modelos
sólo para la heterosexualidad, algunas lesbianas y gays no se
permiten expresar su orientación sino hasta unos años después.
Determinación
del sexo y diferenciación sexual.
El sexo cromosómico se establece en el momento de la fecundación. A
esto se lo denomina "determinación del sexo". El ovocito,
que es la célula germinal femenina madura, posee un cromosoma sexual
que puede ser de un solo tipo: "X" y los espermatozoides
pueden contener uno "X" o bien uno "Y". De modo
tal que si el ovocito es fecundado por un espermatozoide que contenga
un cromosoma "X", el sexo cromosómico del embrión
resultante será XX, es decir, femenino, mientras que si el
espermatozoide contiene un cromosoma "Y", el sexo
cromosómico del embrión resultante será XY, es decir, masculino.
Como vemos, es el padre quien determina el sexo del futuro bebé. Para
que la diferenciación sexual ocurra normalmente, es necesario que el
sexo genético se corresponda con el cromosómico. Esto significa que
no basta con que los cromosomas sexuales existan, sino que, además,
deben poseer la información adecuada contenida en los genes. A pesar
de que su sexo genético y cromosómico ya se encuentran determinados,
todos los embriones humanos atraviesan por un período en que su
anatomía no permite distinguir si serán mujeres o varones. Es el
período indiferenciado, durante el cual, los genitales internos y
externos de ambos son iguales. Sin ningún tipo de estímulo genético
u hormonal, todos los embriones se desarrollan en sentido femenino,
formándose los ovarios y el resto de los órganos sexuales de la
mujer. Es la presencia de un conjunto de genes en el cromosoma Y,
incluyendo el gen Sry, lo que produce la diferenciación primaria del
sexo en sentido masculino, es decir, la transformación de las
gónadas indiferenciadas en testículos. En un embrión XX, en
ausencia de dicho gen, las gónadas indiferenciadas se transforman en
ovarios. Las hormonas producidas por el testículo son las
responsables de la masculinización de los genitales indiferenciados.
A este proceso se lo llama diferenciación secundaria del sexo. Sin la
influencia hormonal, el patrón anatómico básico de los genitales
indiferenciados, con muy pocos cambios, evoluciona en sentido
femenino.
La
respuesta sexual femenina.
La respuesta sexual femenina atraviesa un ciclo que comienza con el
deseo, sigue con la excitación y la meseta, culmina en el orgasmo y
luego retorna a los parámetros basales. El ciclo no sigue un patrón
paso a paso, sino un lento proceso por el cual una etapa se convierte
gradualmente en la siguiente. Sin embargo, no es necesario atravesar
cada paso del ciclo para lograr satisfacción sexual, y puede haber
variaciones en la respuesta de cada mujer. La respuesta sexual es
tanto emocional como física. Muchos factores emocionales pueden
aumentarla o disminuirla.
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