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Deseo.
El deseo sexual
precede y acompaña a la excitación. Es la predisposición del cuerpo
y la mente lo que hace que una mujer esté interesada en la
estimulación sexual y sea receptiva a ella.
Excitación.
En la mujer la
excitación sexual comienza con la lubricación vaginal. La intensidad
de la lubricación puede variar según la estimulación, la edad, el
estado hormonal y la historia sexual, entre otros factores. Los
nervios parasimpáticos causan aumento del flujo sanguíneo en los
vasos que irrigan los órganos genitales, y provocan congestión.
Dicha congestión es la fuente del fluido vaginal. A medida que una
mujer es estimulada, los labios menores de la vulva se vuelven más
finos y rojos. El clítoris se vuelve erecto. La estimulación del
cuerpo clitorídeo a través del capuchón puede aumentar la
sensación de placer. Los pezones también pueden hincharse y ponerse
erectos.
Meseta.
A medida que
aumenta el estímulo, aumentan la frecuencia cardíaca, la presión
arterial, y la frecuencia respiratoria. La vagina se expande mientras
el tejido vecino se congestiona. Este es el comienzo de la fase de
meseta, que puede durar de unos pocos minutos a una hora. Las mujeres
frecuentemente tratan de acortar esta fase esencial, aunque deberían
ser alentadas a tomarse su tiempo y disfrutarla.
Orgasmo.
El pico de
excitación sexual ocurre con una serie de espasmos musculares
rítmicos. Esta sensación de placer en la vagina puede extenderse a
todo el cuerpo. Es una sensación refleja que en la mujer puede durar
de 20 a 60 segundos. El orgasmo puede variar en intensidad. La mujer
puede tener un orgasmo o más de uno.
Resolución.
Después del
orgasmo, la frecuencia respiratoria, la frecuencia cardíaca, y la
presión arterial retornan a valores normales. Los órganos genitales
y pelvianos se descongestionan y retornan a su estado de
no-excitación. El orgasmo es seguido típicamente por una sensación
de calma. La mujer no experimenta período refractario, y es
físicamente capaz de alcanzar múltiples orgasmos.
Problemas
Sexuales
Los problemas
sexuales pueden surgir en cualquier etapa del ciclo de la respuesta
sexual. Pueden ocurrir en cualquier momento de la vida de la mujer, y
pueden aparecer después de que una mujer ha disfrutado de una
relación duradera satisfactoria. Los problemas sexuales pueden
ocurrir en 4 áreas básicas: falta de deseo, falta de excitación,
falta de orgasmo, y dolor durante la penetración.
Falta
de deseo. Algunas
mujeres no tienen interés por el sexo. Pueden evitar tomar la
iniciativa o ser lentas para excitarse o incapaces de hacerlo. Si
tienen sexo, con frecuencia no lo encuentran satisfactorio. La falta
de deseo es causada, muchas veces, por un problema en la relación de
pareja. Puede haber sentimientos de miedo o resentimiento, que pueden
provenir de fallas sexuales previas o de otros problemas en la pareja,
como conflictos en las actitudes o valores. Una mujer que tiene
dificultad en tener un orgasmo puede sentirse condicionada a fallar,
eventualmente perdiendo su habilidad para excitarse y luego perdiendo
su deseo de tener sexo. La falta de deseo puede también ser afectada
por otros factores que influencian la respuesta sexual. Puede ocurrir
en respuesta a una situación temporaria, como estrés o enfermedad, o
puede transformarse en un problema a largo plazo. Puede tener también
una base física, pero con más frecuencia resulta de una respuesta
emocional a la ansiedad, depresión y culpa. La falta de deseo para
con los miembros del sexo opuesto puede ocurrir a cualquier edad, si
una mujer comienza a darse cuenta de su lesbianismo reprimido. La
consulta con un profesional puede ser efectiva para tratar los
problemas sexuales incluyendo el deseo escaso o la falta de deseo. Sin
embargo, frecuentemente se necesita psicoterapia para ayudar a las
mujeres a explorar el conflicto subyacente.
Falta
de excitación. Algunas
mujeres tienen interés en el sexo pero pueden tener dificultad en
lograr una adecuada lubricación vaginal para la penetración. Esto,
con frecuencia, es resultado de una falta de estimulación. Las
compañeras sexuales pueden no saber como ayudarla a lograr la
excitación. Frecuentemente, la falta de excitación se relaciona con
la falta de juegos sexuales previos, erotismo y otras demostraciones
de afecto como besos, abrazos, caricias... La mujer puede sentirse
incómoda en comunicarle sus gustos y disgustos a su pareja. Su pareja
puede no comprender o ser incapaz de seguir sus instrucciones. La
falta de excitación también puede ocurrir si una mujer está
teniendo sentimientos de temor, enojo, o culpa acerca del sexo. Estos
sentimientos pueden surgir de mensajes negativos o represivos en la
niñez. Esas lecciones tienen que ser desaprendidas en la adultez.
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