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Cambiemos las 3 P por las 3 C

     Me van a permitir que antes de desarrollar esta ponencia, subraye un aspecto que me parece de gran importancia para lo que voy a decir después: la cultura de género, como expresión ideológica del modo de producción y reproducción patriarcal, afecta negativamente a todas las personas, hombres y mujeres. 

Por lo tanto, el cambio necesario para superar las lacras del género masculino, viene motivado no sólo por la solidaridad justificada de los hombres hacia las mujeres, sino por el interés personal de cada hombre de dejar de ser víctima de la mística de la masculinidad y mejorar su propia calidad de vida. Esta es la tesis principal de mi libro "Hombres sin temor al cambio", en el que creo dar suficientes argumentos concretos para justificarla. El machismo perjudica seriamente la salud de las personas, hombres y mujeres, y de ahí se deriva la necesidad del cambio en todas y cada una.

          El cambio se puede concretar en múltiples comportamientos personales y colectivos, desde la forma de afrontar la vida doméstica y laboral hasta el apoyo a la discriminación positiva para que la democracia sea paritaria. Pero, para que realmente los cambios sean eficaces, deben estar orientados por un cambio de actitudes que se conviertan en referentes ideológicos de los mismos. Refiriéndome exclusivamente al ámbito de la masculinidad, propongo que el cambio de actitudes se oriente a la renuncia de tres actitudes de género masculino y su sustitución por tres actitudes humanizadoras. Sería cambiar las "3P" (Poder, Posesión y Pulsión copulatoria) por las "3C" (Cooperación, Comunidad de especie y Crecimiento erótico).

1. PODER VERSUS COOPERACIÓN:

          El primer cambio de actitudes, supone para los varones la renuncia a cualquier tipo de poder, entendiendo éste como toda relación entre personas que lleve implícita la subordinación: Desde la renuncia al poder marital o paternal que implica la subordinación de las mujeres o de los hijos, hasta la renuncia al poder empresarial, que implica la subordinación de los trabajadores o el poder político que implica la subordinación de los ciudadanos. La renuncia al poder no implica que tengan que dejar de existir las funciones de crianza, las organizaciones empresariales y las instituciones políticas, necesarias para el progreso de la Humanización de la especie. Significa el cambio de actitud para llenarlas con otros contenidos. Cambiar la actitud de poder por la actitud de cooperación. Siguiendo con los mismos ejemplos, el padre no tiene poder sobre sus hijos e hijas, sino que coopera con ellos y ellas en la tarea de asegurar una crianza de calidad humana.

          El empresario no tiene poder sobre las personas que trabajan en la empresa, sino que coopera con ellas para la buena marcha de la misma en beneficio de todas. El político no tiene poder sobre la ciudadanía, sino que coopera con ella para aumentar los niveles de bienestar del colectivo. El cambio de actitudes se refleja claramente en comportamientos concretos que son fácilmente identificables. Que un político ejerza su función como poder o como cooperación, se delata hasta en su forma de vestir y de comportarse. El político con poder suele realizar un cambio diferente al que aquí estamos proponiendo, aunque coincida en la denominación: en la década de los ochenta, este cambio se denominó como el de las "3c": Desde el momento que asume el poder, cambia de coche, de casa y de cónyuge. Estos ejemplos los pueden hacer extensivos a cualquier ámbito de la actividad humana y en todas encontrarán ejemplos de poder y de cooperación.

 

2. POSESIÓN VERSUS COMUNIDAD DE ESPECIE:

          El segundo cambio de actitudes supone la renuncia a la actitud de la posesión entendida ésta como el afán de poseer por poseer, por aparecer por encima de los demás, por figurar en un estatus superior. Como ya sabemos desde hace siglos, la posesión y el poder van unidos ineludiblemente y la renuncia a una supone la renuncia al otro. Supone cambiar el valor de cambio por el valor de uso, el consumismo por la vida simple. Algún ejemplo para ilustrar esta propuesta:

          Poseer una vivienda por encima de las necesidades reales de su uso, implica la contratación de un servicio doméstico, generalmente una o varias mujeres cuya tarea consiste en limpiar lo que tú ensucias, por la tercera parte del dinero que tú ganas y con el doble de trabajo. Tu afán de posesión deriva en la explotación de otro ser humano, que trae como consecuencia la formación de clases sociales, de colectivos con estatus diferenciados. La renuncia a la actitud de posesión y sus sustitución por una actitud de comunidad de especie, implica la superación de términos como "los otros", "extranjeros", "forasteros", etc. 

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