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Ya
sabemos que las peculiares condiciones de la evolución interna de la
especie humana, generó subgrupos raciales (blancos, negros,
amarillos, etc.), étnicos (españoles, franceses, marroquíes,
chinos, etc.), locales (mi pueblo y los de los otros) y familiares
(los Sánchez y los Pérez). Pero, estas divisiones no pudieron abolir
la específica unidad de todos los humanos: Pertenecemos a la misma
especie animal. Actualmente, en la cada vez más precisa "Aldea
Global", estas tradicionales divisiones por razas, etnias,
localizaciones y familias, se están quedando obsoletas, perdiendo su
significado, tanto real como simbólico. En la medida que se reconoce
la centralidad del ser humano como persona de derechos, las fronteras
de todo tipo se diluyen y aparecen como rémoras del pasado. La
actitud de posesión implica todas las diferenciaciones sociales,
comenzando por la más básica, entre el que posee y el que no posee,
siguiendo por los estatus, clases sociales, étnicas, raciales. La
actitud de comunidad de especie implica la consideración de que todas
las personas somos diferentes como individuos, pero iguales como
especie, con los mismos derechos. Esta actitud se traduce en
comportamientos de reparto de los recursos materiales, para que todas
las personas tengan lo que necesitan y usan, sin afán de atesorar y
enriquecerse.
"Pensar globalmente, actuar localmente", es el lema del
movimiento antiglobalización capitalista, que podemos hacer nuestro
perfectamente. Pensemos como miembros de la especie humana, sintamos
fraternalmente las carencias de los humanos que en algún parte del
mundo, no cubren sus necesidades para vivir con dignidad, y actuemos
en consecuencia, personalmente, en cada comportamiento concreto.
Cambiemos el Tener por el Ser y estaremos fomentando la libertad, la
igualdad y la fraternidad.
3.
PULSIÓN COPULATORIA VERSUS CRECIMIENTO ERÓTICO:
Los varones mantenemos un retraso evolutivo en nuestra sexualidad,
fomentado por el patriarcado y la cultura de género. La asignación a
nuestra función reproductiva de connotaciones de poder patriarcal y
de posesión de la infancia, ha significado, en lo concreto, la
permanencia de nuestra sexualidad en los reducidos límites de lo
genital-reproductivo y en la esclavitud hormonal. La pulsión
copulatoria influye en la configuración de una actitud repleta de
estereotipos machistas, como la supuesta poligamia masculina frente a
la monogamia femenina, como la importancia de la penetración coital
como cénit de la experiencia sexual, como la descarga seminal como
necesidad fisiológica, como las expresiones afectivas consideradas
síntomas de afeminamiento y homosexualidad. La actitud generada por
la pulsión copulatoria tiene consecuencias indeseables, como el
mantenimiento de la prostitución, la trata de blancas, la
explotación sexual de la infancia, el comercio internacional de
afrodisíacos y medicamentos, como la Viagra, los delitos contra la
libertad sexual, entre otros muchos que podríamos relatar. En todos
estos fenómenos sociales, el varón aparece como agresor de la mujer
y pocas veces se le considera como víctima de los mismos. Sin
embargo, los varones son víctimas de la ausencia de una educación
sexual correcta que les induce a correr riesgos innecesarios para su
salud, tanto física como psíquica y social. Renunciar a la actitud
de la pulsión copulatoria y sustituirla por la actitud de crecimiento
erótico supondría como efecto beneficioso general para la especie,
la abolición de todos los fenómenos sociales anteriormente citados.
Sin clientes masculinos alienados, desaparecería la prostitución, la
trata de blancas, la explotación sexual infantil, la pornografía,
etc. Con la actitud del crecimiento erótico se pueden potenciar
comportamientos saludables como el uso de la masturbación para lograr
estados de bienestar personal, descarga de tensiones y relajación
propiciadora del sueño. Las relaciones sexuales interpersonales se
centrarían en el placer sensorial corporal y en la comunicación
afectiva. El despliegue afectivo supondría la abolición de los
comportamientos violentos, posesivos y celotípicos y el fomento de
comportamientos lúdicos, pacíficos y comunicativos. La pulsión
copulatoria es sustituída por la erotofilia, que necesariamente lleva
a la construcción de una cultura de paz, hedonista y democrática.
Si los varones somos capaces de cambiar nuestras actitudes de Poder,
Posesión y Pulsión copulatoria (las 3P) por las actitudes de
Cooperación, Comunidad de Especie y Crecimiento Erótico (las 3C),
estaremos actuando, en primer lugar, a favor de nuestra calidad de
vida, de nuestra salud y bienestar personal. Dejaremos de ser los
malos de la película, los agresores de mujeres, los violadores, los
suicidas de la velocidad, los adictos a las drogas, los traficantes de
personas y los explotadores del trabajo de los demás. En segundo
lugar, actuaremos a favor de las mujeres y de la infancia,
devolviéndoles su dignidad de personas que les hemos arrebatado al
convertirlas en víctimas de nuestros desmanes machistas. En tercer
lugar, actuaremos a favor de una sociedad humana, regida por criterios
de cooperación y reparto, creadora de una cultura de paz, y dejaremos
de ser los protagonistas de las guerras genocidas y de la
competitividad económica. Las metas que proponemos, bien merecen el
esfuerzo del cambio. Démonos esa oportunidad. Gracias.
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